Evaluación formativa que sí funciona: 5 condiciones que todo docente NEM debería aplicar
Red de Docentes MX

Evaluación formativa que sí funciona: 5 condiciones que todo docente NEM debería aplicar

Preguntar “¿alguna duda?” no basta. Te compartimos cinco condiciones para que la evaluación formativa de verdad mejore el aprendizaje, adaptadas al aula y a la planeación de la Nueva Escuela Mexicana.

La Nueva Escuela Mexicana pide algo que suena sencillo, pero que en el día a día del salón cuesta sostener: dejar de evaluar solo para calificar y empezar a evaluar para ayudar a aprender. Las orientaciones de la SEP para el Consejo Técnico Escolar señalan que la evaluación formativa es una de las prácticas que sostienen el aprendizaje como experiencia formativa, uno de los fundamentos del Plan de Estudio 2022.

El problema es que hacer preguntas en clase o revisar cuadernos no siempre cuenta como evaluación formativa real. En octubre de 2024, Jennifer Gonzalez, de Cult of Pedagogy, uno de los sitios de referencia en formación docente, conversó con Kim Marshall y Jenn David-Lang, autores de The Best of the Marshall Memo, sobre cinco condiciones para que la evaluación formativa de verdad mejore el aprendizaje. Aquí te las compartimos, adaptadas al aula mexicana.

1. Que la evaluación cambie lo que haces después

De poco sirve descubrir que la mitad del grupo no entendió un concepto si la clase sigue igual. La recomendación es tener un plan B listo antes de evaluar: volver a explicar a un grupo pequeño mientras el resto trabaja por su cuenta, pedir que lo discutan en parejas o armar estaciones para los errores más comunes. Como lo resume David-Lang: no basta con decir "lo enseñé y entonces lo aprendieron".

En la NEM esto encaja con el trabajo por proyectos. Si al revisar un avance del proyecto en Saberes y Pensamiento Científico la mayoría no logra plantear una hipótesis, ese es el momento de pausar y retomar, no de seguir el cronograma a toda costa.

2. Verificar a todo el grupo, no solo a quien levanta la mano

Preguntar "¿alguna duda?" casi siempre confirma lo que entendieron los alumnos más participativos, no lo que entendió cada estudiante. Conviene usar mecanismos que recojan una respuesta de cada alumno: pizarras pequeñas individuales, mostrar con los dedos la opción elegida o formularios digitales cuando hay dispositivos. En Lenguajes y en Ética, Naturaleza y Sociedades, donde es fácil que la conversación la dominen los mismos tres o cuatro estudiantes, esto marca la diferencia.

3. Diseñar buenas "preguntas bisagra"

El término viene de Dylan Wiliam, uno de los investigadores más citados en evaluación formativa. Una pregunta bisagra es una pregunta cerrada, de opción múltiple, en la que cada opción incorrecta representa un error conceptual distinto. Bien construida, te dice en segundos no solo si algo falló, sino qué falló, y de ella depende cómo sigue la clase.

Por ejemplo, en matemáticas de primaria: "¿Cuál es mayor, 0.5 o 0.25?". Quien elige 0.25 probablemente cree que "más cifras significa más grande", y eso te dice exactamente qué retomar.

4. Verificaciones breves y frecuentes

En lugar de una sola evaluación larga al cierre del tema, Marshall recomienda detener la explicación al menos tres o cuatro veces con un ciclo corto:

  1. Lanzas una pregunta.
  2. Recoges las respuestas de todo el grupo.
  3. Pides que convenzan a su compañero de su respuesta.
  4. Haces una puesta en común.
  5. Continúas.

David-Lang lo compara con la varilla que mide el aceite del coche: una revisión rápida que no estorba. Estas pausas evitan que un malentendido se acumule durante varias sesiones antes de que te enteres.

5. Normalizar el error

Ninguna de estas estrategias funciona si el grupo siente que equivocarse en una verificación rápida pesa igual que un examen. Vale la pena decirlo en voz alta: estas actividades no van a la calificación, sirven para decidir qué hacer a continuación. Solo así los alumnos responden con honestidad y no con lo que creen que quieres escuchar. Marshall lo resume con una frase de Jeff Howard: el fracaso y la dificultad son retroalimentación.

¿Qué hacer con esto en tu próxima planeación?

No se trata de sumar trabajo, sino de cambiar prácticas poco informativas por otras más cortas y precisas. Un buen punto de partida:

  • Elige un solo momento de la semana, por ejemplo el cierre de una sesión.
  • Aplica ahí una pregunta bisagra o una verificación con pizarras.
  • Anota en tu planeación qué harás si la mayoría falla.

Si el grupo no lo logró, ese dato es el que debe mover la planeación de la siguiente clase, no una nota en la libreta de calificaciones.

Fuentes

¿Te fue útil este artículo? Compártelo: